martes, 25 de abril de 2017

"Quiero que lo pienses"



por Ricardo Lusso



Una tarde de setiembre en Puerto Iguazú, Roberto Bustos esperaba algún pasajero en su remís (un Ford Focus azul) en la terminal de ómnibus. El celular le interrumpió la somnolencia.
−¿Dónde andás? −preguntó una voz tajante.
−En la terminal ¿Adónde voy a estar? −contestó desanimado.
−¿Pudiste pasar? Mirá que no tenemos mucho tiempo… ¿También pudiste conseguir lo otro?
−No, no, no, todavía no… Estoy esperando −la comunicación se cortó abruptamente.
Alrededor de él, cientos de personas subían o bajaban de los micros, otros caminaban apurados y algunos sólo esperaban, como él, con sus grandes bultos y valijas. En medio de la multitud, Roberto se sentía solo, muy solo. En verdad, estaba completamente solo, desoladamente solo. Los vendedores ambulantes cubrían con nylon sus chucherías y preparaban sus puestos para el día de mañana. Empezaba la noche y llegaban nubarrones arrastrados por el viento norte, cálido, pesado.
Un ómnibus acababa de entrar. Venía de Foz de Iguazú. Iba repleto. Una mujer se bajó de ese micró y se dirigió directo al Focus. Ahora la lluvia, súbita como suele por esos parajes, no dejaba ver bien a través de los vidrios. El limpiaparabrisas se movía con su cadencia repetida, aburrida. La mujer trataba de abrir la puerta trasera, pero estaba trabada. Lo intentó nuevamente, hasta que Roberto levantó la traba y la puerta por fin abrió.
−Un cajero, necesito un cajero… −dijo ella. Cuarenta y tantos, tez blanca, pelirroja teñida.
A Roberto se le ocurrió en el momento
–Esta es la mía, no la puedo dejar pasar… Es porteña, seguro…
Ella estaba ansiosa, muy ansiosa.
−Necesito ya un cajero, tengo que volver al hotel en Foz… me olvidé de avisar al banco que viajaba y no tengo un peso, o real, lo que sea ¿Aceptarán pesos argentinos en Foz? Necesito un cajero para sacar plata ¿me puede ayudar? Lo necesito ahora ¡por favor!
Ella se sentó en la parte trasera del auto, Roberto no decía palabra alguna. Ella seguía.
−Tengo a mis dos hijos en el hotel, tengo que volver cuanto antes… rápido, por favor. No sé ¿dónde hay un cajero? Dejé a mis hijos en custodia con la gente del hotel, imagínese si les pasa algo… Los dos se quedaron en la pileta… Espero que el más grande no se ponga a tomar alcohol. Es menor, imagínese el lío que se arma. Es que fui al cajero del hotel, puse la tarjeta y la rechazó. La puse de nuevo, puteando al maldito cajero. De nuevo y de nuevo, y otra vez la rechazada. No puede ser, pensé, qué hago ahora. Hasta que se acercó una señorita del hotel, argentina, muy amable, y me explicó que no podía sacar plata si no le había avisado al banco que iba a otro país. Imagínese ¿qué hago ahora? ¿Cómo hago? y me dijo venga, firmé unos papeles y los dejé allá. Tengo el permiso del padre, si se entera que los dejé en otro país solos y sin plata… me mata… aunque él sea flor de pelotudo también. Señor ¿puede ayudarme? Por favor, lléveme a un cajero…
Roberto tenía problemas, pero no contuvo la risa. Con las dos manos en el volante, miró a su pasajera por el retrovisor. Ella se irritó más.
–¿De qué se ríe?
−Es que sos muy bonita y también graciosa… Tranquila, hay un cajero acá dos cuadras, te puedo llevar…
Ahora los dos se ríen juntos.
−Perdoname –dijo ella, y Roberto registró el tuteo−, estoy un poco nerviosa.
El Focus partió hacia el cajero. Bajaron ambos y ella le dio su tarjeta. Roberto la introdujo, ella puso la clave.
–Es increíble esta mujer –pensó él.
−Te llevo a Foz, es sin cargo –propuso Roberto.
−No, no hace falta, gracias –la negativa de la pelirroja quería decir lo contrario y se le notaba en la voz.
−No me cuesta nada... ¿Pensaste venirte a Iguazú? −preguntó Roberto como al pasar.
Ahora la colorada tenía cara de sorpresa. El Focus ya iba hacia Foz. Roberto siguió.
−Yo soy divorciado, tengo una hija de trece años. Candela, se llama.  Compré con la indemnización un terrenito en Foz. Venite, sos muy bonita.
La colorada pensó ¿puede ser que este tipo me esté proponiendo matrimonio? Para su propia sorpresa, se sintió adulada.
–¿Cómo te llamás?
−Carla.
−Hermoso nombre.
La lluvia ahora era más intensa. Pasaron como si nada el puesto de control fronterizo. Apenas un hola… Roberto hizo un ademán con la mano izquierda. “Hola”, contestó el policía con acento portugués… siguieron sin más.
–¿No debería presentar documentación? −pensó Carla. Era evidente que ciertas caras pasaban esa frontera una y otra vez sin control alguno. Siguieron camino al hotel.
−¿Dónde están parando?
−En el hotel Carama.
−¿Y no pensás volver a enamorarte? Una mujer tan hermosa, tan inteligente… yo acá tengo un terrenito… podés venirte con los chicos…
Carla rió.
−No, no… hace un par de años estuve enamorada, pero ya no más.
−¿De tu marido?
−No, de mi marido no estuve enamorada nunca. Fue de un novio, pero ya fue. Era un imposible, un impostor, un…
−Siempre hay otra oportunidad… conmigo la tenés.
A Carla, la sorpresa le transformaba la cara.
−No, no –contestó, y ahora sin querer empezaba a levantar la voz.
El Focus se estacionó frente a la puerta del Carama. Roberto sacó una tarjeta de la agencia de remises, anotó un número y se lo dio.
−Este es mi celu particular. Yo quiero que vos lo pienses ¿sabés? Podemos volver los dos a pensar en formar algo. Yo tengo un negocito acá. Vos podés dar clases ¿dijiste que sos profesora de inglés, no?... tenemos otra oportunidad.
Ahora Carla se sintió casi irritada.
−¡Ni loca! –contestó. Cerró la puerta del auto entró en el hotel con paso rápido, sin mirar atrás. En la mano, sin embargo, llevaba la tarjeta que le había dado Roberto.
Mientras tanto, el hombre la miró perderse en el hall del hotel
−Era mi última esperanza −pensó.
Al regreso hizo la parada que le habían pedido y dejó el paquete en el cesto de la basura de la intersección de la avenida Morenitas y Serafim da Silva. Continuó por la avenida Mercosul, cruzó nuevamente los puestos de control fronterizo como si nada. Hola… Hola…
El teléfono sonó otra vez. Roberto atendió.
−¿Entregaste?
−Sí.
−¿Y cómo te fue con el otro tema?
−Nada, subió una al auto pero no aflojó. No conseguí nada, aunque me dijo que lo iba a pensar… prometió llamarme… −mintió.
−Sí, sí, claro. Tenías tiempo hasta esta noche, lo sabías. Hoy se definía… Bueno, andá de la Charito que ahí te van a dar algo para llevar…
−¿A esta hora?
−Sí, a esta hora…
Roberto sintió que el miedo le subía con la bilis. Los brazos le pesaban demasiado cuando tomó Estanislao del Campo y fue a lo de “la Charito”. No quería abandonar la esperanza inútil de que la colorada lo llamara en algún momento durante los próximos minutos. Necesitaba antes del día arreglar el tema de una pareja, necesitaba esos papeles para solucionar una macana que de otro modo sería imperdonable. El barro rojo en las calles hacía patinar las ruedas del Focus, que quería ladearse a un lado y a otro y casi tocaba las zanjas en los dos costados del camino. Ya estaba acostumbrado a manejar en esas condiciones, pero esa noche era distinta.
Una par de lámparas iluminaban la calle casi descampada, de pocas casas, y algún que otro galpón se divisaba a lo lejos. La lluvia se había transformado en llovizna tenue, molesta. Se detuvo frente a la casa de Charito, tocó bocina. Nada, nadie salía. Tocó nuevamente. Nada. Con bronca se puso la campera negra con capucha y bajó pisando el barro de la calle con dificultad. Ese barro de mierda podía mandarte a la zanja en cualquier descuido. Golpeó las manos y gritó.
−¡Charooo! ¡Charooo!
Para colmo, de nuevo llovía fuerte, muy fuerte.
Nada como la lluvia para apagar los sonidos, dicen. Eso pasó con los dos disparos secos que sonaron entonces. Después el silencio, o mejor dicho la lluvia. Sólo la lluvia,
Roberto quedó al borde de la zanja, la cara hundida en el barro, definitivamente muerto.
Dos hombres lo subieron al baúl del Focus. Pusieron el auto en marcha y rumbearon hacia la costa, para que el río, los peces y las alimañas hicieran de las suyas.
Del otro lado de la frontera, Carla les contaba a sus hijos, entre carcajadas, sus andanzas con el remisero enamorado. Su hijo mayor dijo a risotadas
−Tendrías que haber agarrado viaje, mamá, llamalo.
Carla miró la tarjeta, la hizo un bollito y la tiró en el cesto de la basura.
−¡Brindemos por el enamorado! –dijo, y volvió a reír con esa risa clara, sonora, esplendorosa.

miércoles, 12 de abril de 2017

“Encaje español”: un crimen de la Inquisición llevado al teatro



por A.G.



El 1° de diciembre de 1703, en San Miguel del Tucumán, la Negra Inés, una esclava, fue ejecutada por el garrote vil y sus restos arrojados a la hoguera. Así se cumplía la condena contra ella por “hechicería pública y tratos con el demonio”, causal de pena de muerte en las provincias de Córdoba del Tucumán y Salta del Tucumán. La Negra Inés fue muerta después de esperar su condena en las mazmorras del Cabildo de Córdoba.
Aquel crimen de la Inquisición en el Virreinato del Perú se transforma ahora en un drama teatral con guión de la escritora y poetisa Eugenia Cabral y la dirección de Julio Cortés: “Encaje español: Indias, brujas, negras, herejes, ladronas”. Con un epígrafe notable: “Hace 310 años las golpeaban y mataban…”
Así, una parte de la historia social argentina –una parte casi desconocida, la de los crímenes de la Inquisición en estas tierras− llega al teatro, con las actuaciones de Florencia Rodríguez, Alejandra Barrios, Fabián Kobrin y Matías Alarcón.
Se puede ver todos los viernes de abril, a las 23, en el Espacio Cultural Urbano, Acevedo 460 (entre Corrientes y Vera, a cuadra y media de la estación Malabia-Pugliese del subte C). Más informes en el 15-57579486.

La función del viernes 7 fue dedicada a los trabajadores de AGR-Clarín que ocuparon la planta durante más de 80 días y siguen la lucha por su reincorporación.

lunes, 10 de abril de 2017

Ecuador y los falsos dilemas



por Gustavo Montenegro




La victoria del candidato oficialista Lenin Moreno en los comicios ecuatorianos ha sido saludada por el progresismo continental como un freno al avance de la derecha.
Pero lo cierto es que el retroceso electoral del oficialismo ha sido estrepitoso: los resultados de la primera vuelta implicaron una caída de diecisiete puntos con respecto a la última reelección de Rafael Correa, así como la pérdida de la mayoría de dos tercios en la Asamblea Nacional. En el ballotage, el banquero Guillermo Lasso –que denuncia fraude y no reconoce los resultados- cosechó el apoyo de otras expresiones políticas y quedó a apenas tres puntos de diferencia del candidato del oficialismo.
El telón de fondo de este retroceso es la crisis económica. La caída de los precios del petróleo le dio un golpe demoledor a la economía ecuatoriana y mostró los límites insalvables de la ‘revolución ciudadana’, que montó sobre la bonanza petrolera y minera una importante malla de contención social pero sin proceder a ningún cambio de fondo en las relaciones sociales. El agotamiento de ese régimen (que Correa complementó con una política de cooptación y represión de los movimientos populares -quita de la personería gremial al gremio de maestros) ya estaba dado, no dependía en absoluto –contra lo que repitió hasta el hartazgo Página 12- del desenlace electoral.
Lenin Moreno, quien durante toda la campaña se cansó de aclarar que sería el presidente del ‘diálogo’ y la ‘unidad’, será el encargado de dar un salto en una política de ajuste que inició el mismo Correa, con medidas como el aumento del IVA.
Pese a las diferencias entre Lenin Moreno y Lasso en materia de política y exterior y en los ritmos del ajuste, la coincidencia entre ambos en la necesidad de avanzar en un recorte, que deberán pagar las masas, es nítida.
Sin mucho para ofrecer, las campañas de ambos candidatos en el ballotage tuvieron un enfoque negativo: unos enfatizaron el miedo al regreso a los ‘90; los otros invocaron el fantasma de una Venezuela devastada.
La izquierda y el centroizquierdismo ecuatoriano han cumplido un papel sumamente negativo, acentuando una polarización ficticia. El dato más notable es que todo un sector de los sindicatos y movimientos sociales se alineó expresamente con la candidatura del neoliberal Lasso, en nombre de derrotar lo que califican como un régimen dictatorial.
El primero en dar el apoyo a Lasso fue el general “Paco” Moncayo, que agrupó a estos sectores en la primera vuelta cosechando un 7% de los votos. Estos sectores no sólo hicieron un llamado a votar a Lasso sino que se encargaron de llamar expresamente –en una declaración suscripta por organizaciones de peso como la UGTE y la Unión de Educadores- a “no votar nulo o blanco porque favorece al candidato oficialista”.
El estalinista PCMLE (Partido Comunista Marxista Leninista del Ecuador), que fue a fondo en esta política, reconoció que ambas fórmulas “representan los intereses económicos y políticos de la gran burguesía” pero señaló que “nuestra postura busca propinar una derrota a la facción burguesa en el poder que se ha convertido en el enemigo político principal de los trabajadores” (En Marcha 1765, 30/3). Un círculo de nunca acabar: para derrotar a la facción burguesa en el poder, buscaron contribuir –sin éxito- a la victoria de la facción burguesa en la oposición. En definitiva, el criterio de este grupo implica la postergación indefinida de la construcción de una salida independiente de los explotados.

La nueva etapa que se abre en Ecuador reclama que el movimiento obrero, indígena y campesino asuma una fisonomía política propia.

lunes, 6 de marzo de 2017

No puedo tener más el calzado puesto




Por Tomás Epstein




No puedo tener más el calzado puesto
bello se ve, y es bello
pero no puedo más
y el calor
—tanto no hace—
y el sueño
—tanto no es—
No puedo tener más el calzado puesto
dicen que debo aprender a lamentarme seriamente
a mí que los lamentos me son tan aburridos
que practico el deporte de la queja, pero con desgano
que soy de los que dice Abelardo Castillo, fanáticos de la vida
que se terminan arrojando al mar
porque los fanáticos de la vida ponemos en ella más fichas de las que puede dar
o nos la pintamos más fácil
No puedo tener más el calzado puesto
y lidio como un idiota con los frentes de tormenta de mi mente tempranamente oxidada
pero es que me gusta soñar pero odio la paciencia
No puedo tener más el calzado puesto
son unas bellas zapatillas, muy nobles, recibieron elogios
y hasta podrían ganar un premio
pero resulta que mi meñique no se las termina de tragar
por más apósitos que le ponga no se las termina de tragar
yo que quisiera ser tanto más salvaje
estoy enclaustrado en este calzado
y el resto de mi ropa se destruye y no llego a arreglarla
o no puedo o no quiero o no tengo la valentía
—es innegable que se requiere una enorme valentía para arreglar unos pantalones
y por eso fallan, hablan en el vacío,
quienes critican al “hombre común”
viva el mandato del infrarrealismo, hacer explotar a las cosas en las cosas, no fuera de ellas
No puedo tener más el calzado puesto
ni puedo concentrarme ni disparar como una flecha
ni controlar la hormona que me dispara una estúpida tristeza
Por eso a todas mis victorias se les entromete un pero
o se vuelven fugaces
o son insuficientes
No puedo tener más el calzado puesto
pero también me aburre la melancolía
y vivo entre dos aguas —por resumirlo, porque
son infinitas aguas estas las del delirio—
dos aguas entre la esperanza y la angustia
porque ya dijo uno que es problema ser fanático de la vida
sobre todo cuando sus pequeñas exigencias
queman el alma como una chispa la pradera
Y amo ciudades que no sé si recorreré y no me entiendo
porque una cosa es añorar lo que ha muerto, como decía Tuñón
una vez que eso ha muerto que lo ha desecho la guerra
y otra el lamento previo
No puedo tener más el calzado puesto
pero vivo pensando en transformar la vida
y no habrá quién me convenza del conformismo;
hay un libro que está en mi cabeza y no he puesto ni letra
vivo a pesar de todas mis predicciones
digo “el día de mañana, quizá…”
y actúo mientras tanto, como le corresponde
a quien
no puede más tener

el calzado puesto

ni descalzarse.

jueves, 2 de marzo de 2017

Feria ARCO (Arte Contemporáneo) en Madrid: el oscuro submundo de los mercados del arte

Inaugurada por la corrompida familia real española con Macri y Awada. Denuncias por un gasto exuberante de 50 millones de pesos para instalar un stand argentino que ni siquiera estuvo terminado el día de la inauguración.




Por Alejandro Guerrero



La Feria Internacional ARCO (Arte Contemporáneo) de Madrid tiene bien puesto su nombre: es, ante todo, una feria, un mercado donde se hacen negocios. La versión 2017 de la muestra —finalizada el domingo 26— ha movido, según sus organizadores, unos 100 millones de euros aunque nadie ahí habla de precios. Y ese es el monto facturado, porque siempre hay otro, soterrado, clandestino. En las artes plásticas, debe recordarse, no rige la ley del valor, porque ¿cuánto cuesta un Van Gogh o un Rembrandt? Exactamente lo que un coleccionista esté dispuesto a pagar. Por eso, y porque cualquier obra de arte pasa por cualquier aduana en su estuche y no paga impuestos ni necesita ser declarada, las grandes galerías —y las no tan grandes— son un ámbito ideal para lavar dinero.
Por eso no deja de ser todo un símbolo que este año ARCO haya sido inaugurada por Mauricio Macri —un experto en off-shore, otrora procesado por contrabandear autos aunque en aquel caso “la famiglia” hizo destituir al juez— con su mujer, Juliana Awada —vinculada desde hace muchos años con el mercado del arte y las galerías, acusada reiteradamente de emplear fuerza de trabajo semiesclava en sus talleres textiles. Con ellos estuvo la familia real española, que apenas logra eludir la cárcel por hechos de corrupción variadísimos.
La Argentina fue el país invitado en esta versión de la feria, y ARCO hizo que se trasladara por unos días a Madrid la pelea entre macristas y kirchneristas por ver quién más corrupto. Ahora, según los diputados Liliana Mazure y Rodolfo Tailhade, ambos del Frente para la Victoria, el ministro de Cultura, Pablo Avelluto, y la mujer de Macri gastaron unos 3 millones de euros (más o menos 50 millones de pesos) para instalar el stand argentino en la feria. Para eso, dicen los denunciantes, se firmaron contratos clandestinos cuyos términos no se conocen.
Por otra parte, el stand argentino, curado por Inés Katzenstein, ni siquiera estuvo terminado el día de la inauguración, de modo que al gasto exorbitante se le añadió un papelón. El stand, además, recibió críticas peor que ácidas por su gusto dudoso y la escasísima imaginación que exhibió.
La feria ARCO tiene dos partes, una secreta y otra pública. Las actividades de los primeros días están reservadas a “especialistas”; es decir a marchants, a mercaderes del arte, galeristas y lavadores, y hasta podría ocurrir que se negocien allí piezas no declaradas, de las que se han “extraviado” en distintos países. Dicen los cronistas que en esos días por ahí anduvo, entre otros, Eduardo Costantini, propietario del Malba en Buenos Aires, y que pagó cifras de cinco ceros por algunas pinturas de Alejandra Seeber y Guillermo Kutika. Como para darle la razón a la directora de ARCO 2017, Rosina Gómez-Baeza Tinturé: “El mundo del arte mueve mucho dinero”.
Como se ve, el arte no es en modo alguno la finalidad de la feria. El propósito de ARCO, como todas las muestras de su estilo, es hacer negocios —algunos oscuros— y el arte sólo es un medio para realizarlos.
Según Marta Minujin, en el arte “no hay nada nuevo desde los años 60”. Cuando fue preguntada por las novedades que podrían verse en ARCO, la artista argentina respondió: “De todas las puertas abiertas en los 60 la gente hace variaciones, no hay nada nuevo. Como en el rock: todo son repeticiones. Algunas fantásticas y geniales, pero no es que alguien invente algo” (El País, 17/2). Seguramente no es casual que la última explosión de creatividad artística se haya producido al mismo tiempo que la fortísima oleada revolucionaria de aquellos años. Luego sobreviene el impasse, la transición.
Párrafos aparte merece el gran artista conceptualista argentino Alberto Greco, presente a su pesar en ARCO. Algunas páginas sueltas de su obra “Besos brujos”, que combina literatura y plástica en una combinación alucinante de textos y dibujos con tinta, se vendieron en 500 mil euros. Fue la penúltima obra de Greco, en 1966. La última fue su propia muerte, que él convirtió en obra de arte: pintó las paredes de su cuarto en Barcelona en una sucesión que advierte “Esta es mi mejor obra”. Luego escribió en la palma de su mano la palabra “Fin” y se suicidió. Tenía 34 años.
Ahora, hasta los expertos de ARCO consideraron que “Besos brujos”, por sus características, debería estar en un museo público y no en una colección privada. En agosto de 2015, cuando se cumplieron 50 años de la edición de aquella obra, Prensa Obrera escribió (una nota de Miriam Liguori y de quien esto escribe):
“Greco, considerado por algunos el fundador del arte contemporáneo argentino, fue el iniciador en nuestro país del informalismo, esa escuela rebelde a la que pertenecieron artistas como Rómulo Macció, Keneth Kemble, Clorindo Testa o Martha Peluffo. Opuestos al academicismo artístico, usaban (Greco fue el primero en hacerlo) elementos de collage, telas orinadas, dibujos entremezclados con excrementos de aves (como Ferrari haría después) o trapos viejos a modo de bastidores (un recurso que luego sería habitual en Berni)… Entre ellos, Greco, una personalidad particularmente fuerte, grita desde su obra que se siente atrapado, frustrado, controlado, y que busca casi desesperadamente rebelarse contra ese estado de cosas (en 1961, en una performance callejera, hizo pegar carteles en las paredes que decían ‘Alberto Greco ¡qué grande sos!’ para recrear una parte de la entonces prohibidísima ‘Marcha Peronista’, aunque el peronismo había encarcelado a Greco en 1950 por exponer poemas y dibujos eróticos)”.
Es una constante: aquel arte rebelde de los años 60 y 70, de artistas que quisieron fusionar la vanguardia artística con la vanguardia política, con las luchas de la clase obrera, hoy han sido transformados por los mercaderes del arte en piezas de colección que cotizan fortunas. La burguesía, decía Marx, construye un mundo a su imagen y semejanza. En materia de arte, ese fenómeno se opera en antros como ARCO.
Se trata de arrebatarle a la burguesía el monopolio de la belleza.

lunes, 20 de febrero de 2017

Masacre de Florencio Varela: trama de narcotráfico, policía y poder político








Las adolescentes asesinadas con el detenido Luis Weiman


Por Alejandro Guerrero



Todo indica que las cuatro chicas masacradas en Florencio Varela —dos de ellas asesinadas a balazos, las otras dos heridas gravemente— fueron víctimas de una banda de narcotraficantes que opera en la zona con protección policial. El único detenido por el crimen, Luis Weiman, era custodio de varios boliches que funcionan en la avenida Calchaquí, entre Quilmes y Varela, y miembro de una llamada “banda de Adrián”, que utiliza menores para introducir y vender drogas en esos locales nocturnos. Weiman habría cometido el crimen con la ayuda de un policía de la comisaría 3ª, ubicada a cinco cuadras de la esquina de Senzaballo y Los Andes, donde las adolescentes fueron atacadas a tiros de pistola calibre 9 milímetros.
Adrián Abraham está sospechado de ser el “Adrián” que dirige esa banda, aunque por el momento sólo se le ha notificado que está bajo investigación. Otro sospechoso fue detenido, pero no directamente por la causa sino porque se encontró en su casa una pistola Bersa del mismo calibre que el de la usada en la masacre, además de drogas, un handy y una gorra policial.
Frente a la fiscalía que investiga o dice investigar el caso, el padre de Sabrina Barrientos, de 16 años —una de las niñas asesinadas— declaró: "A las chicas las usaban para entrar drogas en los boliches. A cambio les daban plata, tragos y regalos. Acá hay mucha gente involucrada. Esto lo saben los vecinos. Muchas personas me aportaron datos sobre el sospechoso Adrián y sus vínculos con el primer detenido (Weiman). Yo pongo la cara porque no tengo miedo. Mataron a mi hija y no voy a parar hasta que vayan todos presos. Pero hay mucha gente que sabe todo lo que hacían con las chicas, aunque no quieren declarar porque tienen miedo y entonces me lo cuentan a mí" (La Nación, 17/2).
Si bien los femicidios tienen entre sus características la irracionalidad criminal y el desamparo de las víctimas por parte del Estado, llamaba la atención que un hombre baleara a cuatro adolescentes porque una de ellas no quería reanudar una relación con él. Ahora se entiende mejor la protección policial. En el conurbano, policía e intendencias están involucradas hasta la médula con el tráfico de drogas: el narcotráfico tiene penetrado al Estado al punto que lo controla en gran parte. Principales víctimas de esto son los jóvenes a los que ellos corrompen para usarlos de precoces vendedores de basura en los boliches, o de ladrones en zonas liberadas, antes de transformarlos en carne de cañón.
Cuando se niegan suelen terminar como Luciano Arruga. O como en este caso, cuando alguna pequeña falla en el mecanismo delictivo terminó en masacre. Los jóvenes son sistemáticamente atacados por esta podredumbre con corrupción, drogas y delito, y demasiado a menudo con estos crímenes atroces y con el gatillo fácil de la policía. Terminar con este estado de cosas es cuestión urgente de salud pública.

jueves, 9 de febrero de 2017

El juicio oral por el asesinato de Candela Sol Rodríguez

El último eslabón de la cadena de complicidades y encubrimiento

Por Alejandro Guerrero








Lo que ha comenzado con el caso del crimen de Candela Sol Rodríguez es una parodia de juicio oral, destinada a convertirse en el último eslabón de una cadena de encubrimientos que dejó a la vista un entramado atroz de complicidades mafiosas entre la policía, el poder político y el judicial. Tres delincuentes de poca monta —uno de ellos ya condenado por otros delitos— todos ellos confidentes de la policía, se sentarán en el banquillo en lugar de los grandes responsables: el ex jefe de policía Juan Carlos Paggi, el ex segundo jefe Hugo Matzkin (asumió la jefatura después de que su antecesor cayera precisamente por este caso) y el ex jefe de la Delegación de Investigaciones de La Matanza, comisario mayor Marcelo Chebriau, junto con el ex gobernador Daniel Scioli, además del ex fiscal Marcelo Tavolaro. Esos son los nombres de quienes encubrieron el crimen para proteger a bandas de narcotraficantes integradas orgánicamente por la policía provincial.
Candela Rodríguez, debe recordarse, fue secuestrada el 22 de agosto de 2011 y estuvo en cautiverio nueve días. La niña tenía entonces 11 años y, en medio de una fortísima conmoción social y un despliegue policial y mediático pocas veces visto, su cadáver apareció en un baldío de Hurlingham, en el oeste del Gran Buenos Aires, dentro de una bolsa de consorcio.
“El espectacular accionar policial durante la búsqueda tuvo como objetivo responder a la presión mediática y desviar la investigación del verdadero territorio en que se desarrollaba el caso”, dice un informe exhaustivo elaborado en su momento por una comisión especial de la Cámara de Senadores de la provincia de la Buenos Aires (http://www.senado-ba.gov.ar/archivos/comision_asesinato_candela_rodriguez/2_1_Sintesis_del_Informe.pdf). En otras palabras: todo ese despliegue tuvo el exclusivo propósito de distraer la atención para proteger a los criminales. Sobre esa comisión senatorial, debe recordarse que se organizó cuando el kirchnerista Gabriel Mariotto era vicegobernador de la provincia y titular de la Cámara, y estaba abiertamente enfrentado con Daniel Scioli. Más tarde, cuando los kirchneristas anudaron su acuerdo con Scioli, aquel informe aplastante quedó en el olvido.
Ahora bien ¿Por qué esa necesidad de encubrir el asesinato de una niña?
Porque, desde el primer día, todos los indicios apuntaban a bandas narcotraficantes de San Martín, en el Gran Buenos Aires, ya no protegidas sino integradas orgánicamente por la policía de la provincia. (Un negocio paralelo de la policía es secuestrar de vez en cuando a narcotraficantes —o a delincuentes de otros rubros, pero en todos los casos a gente que no puede hacer denuncias— para cobrar rescate).
La última señal del Nextel de Candela tenía origen en San Martín. El padre y la madre de la niña son de San Martín y tienen allí vínculos familiares y delictivos (su padre estaba preso por piratería del asfalto) y muy poco tiempo antes, por conflictos entre narcos, había sufrido un intento de secuestro una tía política de Candela, sospechada de actividades narcotraficantes con la policía. Varios llamados al 911, durante los días de la desaparición de Candela, la ubicaban en esa zona, y señalaban a personas de Villa Corea, Costa Esperanza, Villa 18 y Villa 9 de Julio. Ninguno de esos indicios fue investigado salvo muy superficialmente, como para cumplir la formalidad (muchas veces ni eso). En cambio, la policía buscaba a Candela en Hurlingham y Villa Tesei, donde sabía que no estaba. Mientras tanto, añade el informe del Senado, se desarrollaban operaciones paralelas por parte de la policía para tratar de recuperar a la niña, que resultaron fallidas. Finalmente, dice el informe senatorial, los secuestradores debieron asesinar a la niña porque “la prolongación del evento ponía en riesgo el verdadero negocio, el mercado delictual del narcotráfico”.
Además, según la investigación del Senado, la aparición del cadáver en aquella bolsa tenía un significado especialmente macabro: “La exhibición del cuerpo puede ser interpretada como un mensaje mafioso-político en el contexto de internas policiales por el control territorial y la disputa por la conducción de la policía”.
Ese lugar, además, fue contaminado groseramente. Según un perito, una “manada de elefantes” irrumpió en la escena. Era una horda de funcionarios políticos, con Scioli a la cabeza, policías, familiares y periodistas, de modo que se arruinó por completo cualquier posibilidad de encontrar allí indicios útiles. Como semejante torpeza es inconcebible hasta en la Bonaerense y en Scioli, tuvieron que hacerlo adrede. Para decirlo con todas las letras: el gobernador en persona, con su cúpula policial, se encargó él mismo de destruir pruebas.
El Poder Judicial también fue un cómplice activo. “El caótico expediente judicial —dice el informe— constituye la prueba de la vergonzosa investigación llevada a cabo por el fiscal y la policía”. Por último, incluso la madre de Candela, Carola Labrador, sorprendió a todos cuando apareció patrocinada por el abogado Fernando Burlando, de conocidísimos vínculos con la Bonaerense.
En definitiva, es todo un régimen político corrompido hasta los huesos el que debe sentarse en el banquillo de los acusados. En cambio, para culminar el encubrimiento, han puesto ahí a tres infelices.