lunes, 20 de febrero de 2017

Masacre de Florencio Varela: trama de narcotráfico, policía y poder político








Las adolescentes asesinadas con el detenido Luis Weiman


Por Alejandro Guerrero



Todo indica que las cuatro chicas masacradas en Florencio Varela —dos de ellas asesinadas a balazos, las otras dos heridas gravemente— fueron víctimas de una banda de narcotraficantes que opera en la zona con protección policial. El único detenido por el crimen, Luis Weiman, era custodio de varios boliches que funcionan en la avenida Calchaquí, entre Quilmes y Varela, y miembro de una llamada “banda de Adrián”, que utiliza menores para introducir y vender drogas en esos locales nocturnos. Weiman habría cometido el crimen con la ayuda de un policía de la comisaría 3ª, ubicada a cinco cuadras de la esquina de Senzaballo y Los Andes, donde las adolescentes fueron atacadas a tiros de pistola calibre 9 milímetros.
Adrián Abraham está sospechado de ser el “Adrián” que dirige esa banda, aunque por el momento sólo se le ha notificado que está bajo investigación. Otro sospechoso fue detenido, pero no directamente por la causa sino porque se encontró en su casa una pistola Bersa del mismo calibre que el de la usada en la masacre, además de drogas, un handy y una gorra policial.
Frente a la fiscalía que investiga o dice investigar el caso, el padre de Sabrina Barrientos, de 16 años —una de las niñas asesinadas— declaró: "A las chicas las usaban para entrar drogas en los boliches. A cambio les daban plata, tragos y regalos. Acá hay mucha gente involucrada. Esto lo saben los vecinos. Muchas personas me aportaron datos sobre el sospechoso Adrián y sus vínculos con el primer detenido (Weiman). Yo pongo la cara porque no tengo miedo. Mataron a mi hija y no voy a parar hasta que vayan todos presos. Pero hay mucha gente que sabe todo lo que hacían con las chicas, aunque no quieren declarar porque tienen miedo y entonces me lo cuentan a mí" (La Nación, 17/2).
Si bien los femicidios tienen entre sus características la irracionalidad criminal y el desamparo de las víctimas por parte del Estado, llamaba la atención que un hombre baleara a cuatro adolescentes porque una de ellas no quería reanudar una relación con él. Ahora se entiende mejor la protección policial. En el conurbano, policía e intendencias están involucradas hasta la médula con el tráfico de drogas: el narcotráfico tiene penetrado al Estado al punto que lo controla en gran parte. Principales víctimas de esto son los jóvenes a los que ellos corrompen para usarlos de precoces vendedores de basura en los boliches, o de ladrones en zonas liberadas, antes de transformarlos en carne de cañón.
Cuando se niegan suelen terminar como Luciano Arruga. O como en este caso, cuando alguna pequeña falla en el mecanismo delictivo terminó en masacre. Los jóvenes son sistemáticamente atacados por esta podredumbre con corrupción, drogas y delito, y demasiado a menudo con estos crímenes atroces y con el gatillo fácil de la policía. Terminar con este estado de cosas es cuestión urgente de salud pública.

jueves, 9 de febrero de 2017

El juicio oral por el asesinato de Candela Sol Rodríguez

El último eslabón de la cadena de complicidades y encubrimiento

Por Alejandro Guerrero








Lo que ha comenzado con el caso del crimen de Candela Sol Rodríguez es una parodia de juicio oral, destinada a convertirse en el último eslabón de una cadena de encubrimientos que dejó a la vista un entramado atroz de complicidades mafiosas entre la policía, el poder político y el judicial. Tres delincuentes de poca monta —uno de ellos ya condenado por otros delitos— todos ellos confidentes de la policía, se sentarán en el banquillo en lugar de los grandes responsables: el ex jefe de policía Juan Carlos Paggi, el ex segundo jefe Hugo Matzkin (asumió la jefatura después de que su antecesor cayera precisamente por este caso) y el ex jefe de la Delegación de Investigaciones de La Matanza, comisario mayor Marcelo Chebriau, junto con el ex gobernador Daniel Scioli, además del ex fiscal Marcelo Tavolaro. Esos son los nombres de quienes encubrieron el crimen para proteger a bandas de narcotraficantes integradas orgánicamente por la policía provincial.
Candela Rodríguez, debe recordarse, fue secuestrada el 22 de agosto de 2011 y estuvo en cautiverio nueve días. La niña tenía entonces 11 años y, en medio de una fortísima conmoción social y un despliegue policial y mediático pocas veces visto, su cadáver apareció en un baldío de Hurlingham, en el oeste del Gran Buenos Aires, dentro de una bolsa de consorcio.
“El espectacular accionar policial durante la búsqueda tuvo como objetivo responder a la presión mediática y desviar la investigación del verdadero territorio en que se desarrollaba el caso”, dice un informe exhaustivo elaborado en su momento por una comisión especial de la Cámara de Senadores de la provincia de la Buenos Aires (http://www.senado-ba.gov.ar/archivos/comision_asesinato_candela_rodriguez/2_1_Sintesis_del_Informe.pdf). En otras palabras: todo ese despliegue tuvo el exclusivo propósito de distraer la atención para proteger a los criminales. Sobre esa comisión senatorial, debe recordarse que se organizó cuando el kirchnerista Gabriel Mariotto era vicegobernador de la provincia y titular de la Cámara, y estaba abiertamente enfrentado con Daniel Scioli. Más tarde, cuando los kirchneristas anudaron su acuerdo con Scioli, aquel informe aplastante quedó en el olvido.
Ahora bien ¿Por qué esa necesidad de encubrir el asesinato de una niña?
Porque, desde el primer día, todos los indicios apuntaban a bandas narcotraficantes de San Martín, en el Gran Buenos Aires, ya no protegidas sino integradas orgánicamente por la policía de la provincia. (Un negocio paralelo de la policía es secuestrar de vez en cuando a narcotraficantes —o a delincuentes de otros rubros, pero en todos los casos a gente que no puede hacer denuncias— para cobrar rescate).
La última señal del Nextel de Candela tenía origen en San Martín. El padre y la madre de la niña son de San Martín y tienen allí vínculos familiares y delictivos (su padre estaba preso por piratería del asfalto) y muy poco tiempo antes, por conflictos entre narcos, había sufrido un intento de secuestro una tía política de Candela, sospechada de actividades narcotraficantes con la policía. Varios llamados al 911, durante los días de la desaparición de Candela, la ubicaban en esa zona, y señalaban a personas de Villa Corea, Costa Esperanza, Villa 18 y Villa 9 de Julio. Ninguno de esos indicios fue investigado salvo muy superficialmente, como para cumplir la formalidad (muchas veces ni eso). En cambio, la policía buscaba a Candela en Hurlingham y Villa Tesei, donde sabía que no estaba. Mientras tanto, añade el informe del Senado, se desarrollaban operaciones paralelas por parte de la policía para tratar de recuperar a la niña, que resultaron fallidas. Finalmente, dice el informe senatorial, los secuestradores debieron asesinar a la niña porque “la prolongación del evento ponía en riesgo el verdadero negocio, el mercado delictual del narcotráfico”.
Además, según la investigación del Senado, la aparición del cadáver en aquella bolsa tenía un significado especialmente macabro: “La exhibición del cuerpo puede ser interpretada como un mensaje mafioso-político en el contexto de internas policiales por el control territorial y la disputa por la conducción de la policía”.
Ese lugar, además, fue contaminado groseramente. Según un perito, una “manada de elefantes” irrumpió en la escena. Era una horda de funcionarios políticos, con Scioli a la cabeza, policías, familiares y periodistas, de modo que se arruinó por completo cualquier posibilidad de encontrar allí indicios útiles. Como semejante torpeza es inconcebible hasta en la Bonaerense y en Scioli, tuvieron que hacerlo adrede. Para decirlo con todas las letras: el gobernador en persona, con su cúpula policial, se encargó él mismo de destruir pruebas.
El Poder Judicial también fue un cómplice activo. “El caótico expediente judicial —dice el informe— constituye la prueba de la vergonzosa investigación llevada a cabo por el fiscal y la policía”. Por último, incluso la madre de Candela, Carola Labrador, sorprendió a todos cuando apareció patrocinada por el abogado Fernando Burlando, de conocidísimos vínculos con la Bonaerense.
En definitiva, es todo un régimen político corrompido hasta los huesos el que debe sentarse en el banquillo de los acusados. En cambio, para culminar el encubrimiento, han puesto ahí a tres infelices.

miércoles, 18 de enero de 2017

Este jueves a las 15, todos al Obelisco

Marcha del Obelisco al Ministerio de Trabajo

            ¡Por la victoria de los compañeros de AGR-Clarín!






En una conferencia de prensa realizada en las puertas de la fábrica AGR-Clarín se anunció la realización de una gran movilización el jueves 19 a las 15 horas desde el Obelisco al Ministerio de Trabajo de la calle Alem. Ese mismo jueves se realizará el paro gráfico en repudio al lock out patronal del grupo Clarín, el primero a realizarse en 30 años y que la lista Naranja Grafica, expresión del clasismo en el gremio, garantizará con piquetes en las plantas gráficas. También anunciaron los obreros un festival  artístico a realizarse el viernes 20 en la puerta de fábrica, a la vez que señalaron que los familiares y las esposas de los obreros están conformando una Comisión de apoyo a la lucha. Los trabajadores de AGR-Clarín reclamaron que la CGT convoque a un paro general en repudio al lock out patronal y los despidos y llamaron a los trabajadores organizados de toda fábrica, empresa o repartición a enviar representantes a la fábrica, sita en Corrales y Del Barco Centenera, en el barrio de Pompeya, en la ciudad de Buenos Aires.
 
Pablo Viñas, secretario general de la comisión interna de AGR-Clarín, rodeado de sus compañeros de trabajo, se dirigió a los medios y manifestantes presentes de esta manera:
 
“Saludamos a los compañeros periodistas que están peleando para romper el  bloqueo informativo por el que está presionando el grupo Clarín. Nuestro agradecimiento también a todos los que a través de las redes sociales lograron que estas exploten, logrando que toda la población se entere que AGR-Clarín está en lucha, que enfrentamos una represión policial salvaje y que no vamos a dejar de  luchar hasta obtener la reincorporación de todos los compañeros.
 
Estamos enfrentando una medida de fuerza del  grupo Clarín, estamos frente  a un lock out ofensivo.  Acá no es que hicimos paro: nos presentamos los trabajadores el lunes a trabajar y nos encontramos con que dicen que la empresa cerró, que la gerencia se fue, que vaciaron la administración de computadores. El que instala una medida de fuerza es Clarín, los trabajadores reclamamos que se retome la producción y que se termine con este lock out patronal que no tiene ningún motivo económico real. Estamos ante despidos ilegales: por ley si la empresa quiere despedir al 15 % de los empleados está obligada a realizar un procedimiento ante el Ministerio de Trabajo.
 
Cerraron la planta y despidieron a todos los compañeros, nos quieren dejar a todos en la calle por organizarnos, por defender  nuestro convenio colectivo. Es una falacia total la crisis de Clarín. No hay ninguna crisis. Los trabajadores dicen que están tapados de trabajo y Clarín dice que hay crisis. Pero hemos presentado las pruebas de que es una falacia, en cambio la empresa no presentó nada demostrando nada. Estamos ante despidos c ompletamente ilegales.  
 
Estamos reclamando que Clarín se adecúe a la ley y que el Ministerio se adecúe a la ley y que se reincorpore a todos los trabajadores y se retome la producción en Artes Graficas Rioplateneses.
 
No hay crisis. En esta planta está la rotativa 3026, que es una rotativa de las más poderosas de América Latina. No estuvo parada en todo el año ni en toda la década. No hay crisis. Todas las revistas se están haciendo afuera  en talleres en el interior, en talleres en negro, en talleres en Santa Fe y no sabemos en cuántos lugares más. Por eso convocamos a todos nuestros compañeros graficos de capital, del Gran Buenos Aires, del interior y en particular a nuestros compañeros de Artes Gráficas del Litoral de Santa Fe a no hacer ningún folleto , ninguna guía, ningún manual hasta que este lock out no se quiebre y lo lograremos con la unidad de los trabajadores de adentro y los que están afueras apoyándonos”.
 
En ese momento, los obreros leyeron el enorme listado de trabajos que se realizan en la planta de Pompeya, lo que demuestra la inexistencia de la crisis que aduce la patronal de Clarín. Luego, Viñas continuó:
 
“Queremos desmentir las falsedades del grupo Clarín que publicó en su diario. No es una nota periodística: se trata de un comunicado de la empresa en el que nos dicen violentos. No, los violentos son ellos que nos dejaron sin trabajo, sin cobertura médica cuando tenemos compañeros que están en tratramiento médico, en muchos casos graves. Nos mandó a la policía que les pegó a nuestras mujeres y nuestros hijos en  la puerta. Nosotros somos trabajadores que queremos trabajar.
 
Clarín dice que Artes Gráficas Rioplatenses es un complejo industrial, pero el único establecimiento que se llama AGR es este. Dicen que nos echan a todos para salvar los puestos de trabajo. No sean caraduras. Le decimos a la población que ocupamos la planta para defender nuestros puestos de trabajo.
 
Clarín quiere relacionarnos con el anterior gobierno. Esta comsión interna y el conjunto de la asamblea de los trabajadores ha mantenido una posición independiente de cualquier posición patronal. En la lucha entre el anterior gobierno y Clarín declaramos que no estábamos con ninguna posición patronal y que estamos en contra de cualquier ataque a los trabajadores ya venga del gobierno o los patrones. Este es un colectivo obrero independiente  de cualquier variante patronal.
 
(Extraído de Prensa Obrera digital, 18/1

AGR-Clarín: "No nos van a doblegar"


                                         Pablo Viñas, delegado de AGR-Clarín



Luego de la represión, los obreros gráficos de la planta de AGR-Clarín informaron a los medios de comunicación cómo sigue el conflicto. Compartimos las declaraciones del Secretario General de la Comisión Interna, Pablo Viñas.
 
“Nos han tirado balazos de gomas, han reprimido con gases y agua caliente a nuestras familias, tenemos compañeros baleados”, dijo el dirigente clasista, acompañado de uno de los obreros víctimas de la represión de la Policía Federal, quien declaró “nos tiraron a la cabeza por defender a nuestros puestos de trabajo”.  
 
“Tienen que ir a buscar a la patronal de Clarín para que reabra de inmediato esta fábrica, porque el despido es ilegal, hoy se lo hemos dicho en el Ministerio de Trabajo” continuó Viñas, quien participó este mediodía de la audiencia que tuvo lugar en esa cartera, frente a los casi 400 despidos en la planta gráfica. Al respecto informó “por ahora no hay siquiera una conciliación obligatoria  que le ordene a la patronal que reabra las puertas de la fábrica”.
 
Y continuó: “la señora Secretaria de Relaciones de Trabajo nos dijo “esto me excede”, entonces señora renuncie, ¡que Triacca renuncie si los excede! sino pueden tomar una medida para que Clarín cumpla la ley. Porque la ley dice que si una empresa de esta magnitud quiere despedir más del 15% de la planta tiene que iniciar un procedimiento preventivo de crisis, acá no hay concurso, no hay nada, son despidos ilegales de una empresa que está tapada de trabajo y que lo que quiere es barrer con nuestra organización, barrer con nuestra unidad, para despedirnos, reventar el Convenio Colectivo y tomar trabajadores precarizados”.
 
Mientras mostraba los casquillos de las balas de goma que se utilizaron durante la represión, Pablo Viñas caracterizó “Así defiende este gobierno el trabajo, defiende el trabajo en negro, porque esta patronal está tercerizando en talleres en negro, tal como lo dejamos por escrito en el Ministerio de Trabajo”, AGR-Clarín imprimía numerosas revistas y estaba trabajando al máximo cuando de manera intempestiva anotició a los trabajadores que cerraba la planta.
 
Los trabajadores y la Comisión Interna permanecerán con la ocupación de la planta y la permanencia en los portones en defensa de los puestos de trabajo. “Vamos a seguir peleando con todos nuestros compañeros, con los que están afuera y los que están adentro,  reclamando todos por nuestros puestos de trabajo. No nos van a doblegar”, sentenció el dirigente sindical.

(Extraído de Prensa Obrera digital del 17/1

lunes, 16 de enero de 2017

Si veinte años no es nada… preguntale a “Libba” Cotten

Cantante, compositora, guitarrista. Elizabeth Cotten (1892-1987) -creadora de la clásica canción "Tren de carga". Canción que hará en concierto por primera vez a los 67 años y por el que ganó un premio Grammy en 1985 a los 93 años. Una deslumbrante historia donde los años son lo de menos.




por Ricardo Lusso


El viaje nos lleva a Carolina del Norte, a un pueblo llamado Chapel Hill. Allí residen actualmente unos 57.000 habitantes, está la sede de la universidad estatal del mismo nombre -fundada en 1851- y su calle principal, para variar, se llama Benjamín Frankin. Lugar de ideas progresistas, tradicionalmente demócrata, con una población predominantemente blanca.  Fue el primer pueblo, en 1967, en implementar escuelas primarias “integradas” a las que podían asistir niños blancos y negros. En 1968 fue electo en Chapel Hill el primer alcalde afroamericano de la historia de los Estados Unidos: Howard Lee. También la política demócrata atraviesa las calles de esta pequeña ciudad. Un ignoto senador, John Reid Edwards, nacido en ella, fue candidato a vicepresidente de John Kerry en las elecciones del 2004 y el mismo Edwards compitió en la interna demócrata de 2008, que ganó Barack Obama. De Chapel Hill es también el republicano Lloyd “Pat” McCrory, gobernador del Estado hasta diciembre del año pasado, cuando perdió contra el demócrata Roy Cooper.
También nació en Chapel Hill, aunque no se sabe muy bien en qué día de qué año, Elizabeth “Libba” Cotten, que llegó a ser una de las mujeres más famosas de los Estados Unidos, un ícono de la música blues/folk  norteamericana. Alguno de sus cinco hermanos dicen que respiró su primer aire allá por el invierno de 1892; otros no acuerdan, y ubican su natalicio en el verano de 1893 o de 1895. Lo cierto es que no existen actas de inscripción en ningún registro hasta varios años después de su nacimiento. Para darse una idea: el primer censo oficial en ese pueblo es de 1951. Se registraban entonces 7.152 habitantes.
Elizabeth transcurrió su niñez entre guitarras, cantos de góspel de la iglesia bautista del lugar y trenes, muchos trenes que veía pasar a lo lejos, entre las lomadas del verde y boscoso paisaje de Carolina del Norte. Allí, junto a sus hermanos,  aprendería a tocar el banjo y la guitarra. Era un aprendizaje casi clandestino, porque una niña negra y pobre estaba signada a seguir los preceptos canónicos de la santa iglesia y los juicios de la sociedad blanca católica.
De todos modos, la música y esos años de infancia la marcaron para siempre; es decir, para el resto de su vida.
Elizabeth Cotten Nevills, así se llamaba, se ganaba la vida entre los 12 y los 15 años como empleada doméstica con un salario mensual que no superaba un dólar, suficiente para después de mucho tiempo de ahorros comprarse su primer guitarra por 3,75 dólares.
En el invierno de 1910, con las últimas nevadas y las copas de los árboles despojadas completamente de hojas, con un manto blanco que cubría las estrechas calles de adoquines del Chapel Hill, Elizabeth se casó con Frank. Tenía 15 años. De ese matrimonio nació una hija, a la que llamaron Lillie, cuando Elizabeth tenía 16 años.
El oficio de comerciante de su marido hizo que su vida se desarrollara  entre Chapel Hill, Washington y Nueva York. Finalmente Frank decidió quedarse en Nueva York y allí instalaron un negocio con local a la calle –una tienda de muebles- y vivienda. Durante este tiempo Elizabeth llevó a cabo una serie de trabajos ocasionales, principalmente trabajadora doméstica. Allí crió a su niña mientras asistía a su marido en la tienda y limpiaba casas ajenas. La música fue la gran ausente en ese periodo de su vida. El matrimonio duró 20 años. Tan pronto como su hija se casó, Elizabeth y Frank Cotten se divorciaron. Ella se trasladó a Washington y allí vivió con su hija y su yerno.
Elizabeth era muy delgada, de voz suave. El trabajo con su ex marido le había dado la facilidad del comerciante. Pronto consiguió un puesto de vendedora en la casa de muñecas de las populares tiendas Lansburgh. Ahí su vida transcurrió durante varios años sin muchos sobresaltos. En su vida doméstica, sus dotes musicales hacían el disfrute de su hija, su yerno y, ahora, sus nietos.
Fue un sábado. La tienda estaba abarrotada de gente y Elizabeth trajinaba con las ventas, los empaquetamientos y el bullicio; niñas y niños en el local del quinto piso no dejaban distinguir nada entre esa maraña humana de consumo. Ese día su vida cambió.
Una clienta que había ido al lugar con sus dos hijas compró algunas muñecas. La mujer era Ruth Crawford Seeger, profesora de música y compositora de canciones populares infantiles, de buena fama en el ambiente de música comercial; su marido, Charles Seeger, también era un musicólogo conocido. En la confusión, mientras  las muñecas eran empaquetadas, una de las niñas, Peggy Seeger, se alejó de su madre y su hermana. Se perdió. La desesperación abordó a los Seeger buscando a la pequeña Peggy. Luego de un buen rato, Elizabeth encontró a la niña perdida y la devolvió a su madre. Ruth siempre estuvo agradecida del feliz desenlace. La señora Seeger se sentía en deuda con la amable compositora y le ofreció trabajo como ama de llaves en la casa de su familia.
Elizabeth no era amiga de cambios bruscos, y llevó bastante tiempo convencerla para que aceptara el ofrecimiento. El matrimonio Seeger fue a buscarla varias veces antes de aquella decisión. Elizabeth, finalmente,  renunció a su puesto de ventas en Lansburgh y aceptó la oferta. En aquellos días de finales de los años 40 comenzó a  trabajar para los Seegers, con quienes  mantuvo una amistad de muchos años.
La primera vez que la señora Cotten llegó a casa de los Seeger no podía dejar de observar la cantidad de instrumentos musicales que la rodeaban. Un aire rejuvenecedor rondaba su cabeza. Se sentía plena, nuevamente, a sus casi 57 años. Tomó su lugar en una de las habitaciones de la casa y comenzó sus tareas.
La relación de Ruth y su ama de llaves era afable. Elizabeth se sentía a gusto en esa casa. En secreto se tomaba algunos momentos, cuando no había nadie en la sala de ensayos, y tocaba la guitarra como lo había aprendido de niña, el legendario rasgueo zurdo en una guitarra diseñada para diestros. “Libba”, como la llamaba la pequeña Peggy, tocaba la guitarra y el banjo con "dos dedos" y estilo de "tres dedos", que años más tarde fue su firma musical. El "estilo Cotten" ya sonaba secretamente dentro de la casa de los Seeger.
Un día, Libba fue invitada por Ruth a participar en la compilación de una selección de canciones populares para niños y en la enseñanza de sus propios hijos, Mike, Peggy y Penny, sobre música popular. Libba enseguida se sumó y aprendió junto con los niños. Elizabeth practicaba en la guitarra de Peggy cada vez que podía y cantó algunas canciones para acompañar la música, a menudo en la cocina y con la puerta cerrada. Un sábado, mientras los Seeger practicaban su música y cantaban juntos, Libba irrumpió en la sala y dijo que quería tocar la guitarra. Así, Los Seeger, por primera vez  escucharon Tren de carga en su propia casa.
La importancia y la posterior popularidad de ese tema se pueden remontar a su infancia en Chapel Hill. El tren de ferrocarril y la música. Uno de los mayores tributarios de Cotten, Ed Badeaux, dijo en una entrevista periodística: “Desde sus inicios (...) se convirtió en un símbolo de libertad y aventura para la gente común de América." De pequeña, Elizabeth y sus hermanos, a diferencia de los Seeger, se reunían a tocar la guitarra o el banjo, y componer sus propias canciones. Tren de carga fue compuesta íntegramente por ella misma. Uno de los Seeger, Mike, que bien conocía la historia, dijo alguna vez en el New York Times: “Se inspiró en gran medida por el paso del tren cerca de su casa durante su infancia”.
Cuando hacía diez años que Libba vivía con los Seeger ya era una más de la familia. Afinaba los instrumentos y participaba de algunas actuaciones locales junto a los jóvenes. Ella y Mike Seeger tocarían juntos en cafés y fiestas populares. Elizabeth, junto a Peegy Seeger, recorrió Europa en 1959. Allí, particularmente en Inglaterra, Tren de carga fue un éxito, pero inescrupulosos empresarios registraron la canción y fueron a litigio por los derechos de autor. Los tribunales laudaron a favor de Cotten.
En 1963, aquella canción se convertiría en una de las melodías más populares de los Estados Unidos.
A partir de 1957, a los 65 años de edad, hasta su muerte en 1987 a los 95 años, Elizabeth Cotten grabó seis álbumes. Su primer disco, Canciones populares y melodías Negras, fue grabado en 1957 para Folkways Records. Otros tres de sus álbumes más conocidos son Elizabeth Cotten, volumen II: Shake Sugaree (1967); Elizabeth Cotten volumen III: Cuando me haya ido (1975); y Elizabeth Cotten Live! (1983) por el que ganó un premio Grammy en 1985, cuando tenía 93 años.
Bien entrados los años 70 realizó una gira por Estados Unidos con el mismísimo Taj Mahal. Los últimos 20 años de su vida dio conciertos en  universidades, salas de música y fiestas populares a lo largo y ancho de los Estados Unidos, cuando ya era bisabuela.
También actuó en la televisión y visitó decenas de escuelas a nivel nacional, patrocinada por la Fundación Nacional para las Artes. 
En 1978 actuó en el Carnegie Hall de Nueva York, una de las salas de conciertos más prestigiosa del mundo. A los 90 años de edad comenzó una gira nacional. El recorrido se inició en Nueva York, donde abrió su recital con Mike Seeger. Era el año 1983 y todavía le quedaban varios más para mostrar su arte.
Como dijo Ed Badeaux: "Libba tenía la capacidad de expresar todo el patrimonio cultural acumulado en una mezcla de góspel, ragtime y blues, a través de su juego".
Ahora, a casi 30 años de su muerte, Libba sigue cantando. Vean si no:


Referencias:

Lecturas complementarias sobre Elizabeth Cotten
Baggelaar, Kristin, y Donald Milton, Folk Music: más que una canción, Crowell, 1976.
"Por la vida Estos 'Jóvenes' comienza en 80", en ébano, febrero de 1981, p. 62.
Harris, Sheldon, azules quién es quién, Da Capo Press, 1979.
Lanker, Brian, yo sueño Un Mundo, Stewart, Tabori y Chang, 1989, pp. 156-57.
Hitchcock, H. Wiley, y Stanley Sudie, el nuevo diccionario de la arboleda de la música americana, Macmillan Press, 1986, p. 515.
"Las mujeres ordinarios de la gracia: Temas del Sueño una exposición Fotografía del Mundo", en el US News & World Report, 13 de febrero de 1989, p. 55.
Sur, Eileen, Diccionario Biográfico de los músicos afro-americanos y africanos, Greenwood Press, 1982, pp. 85-86.
Lawless, Ray M., folksingers y canciones populares en América, 2ª edición, 1965, pp. 504, 682-683.
Silber, Irwin, y Fred Silber, Wordbook folksingers ', Oak Publications, p. 63.
"Blues con un sentimiento", en Guitarrista, noviembre de 1994, p. 152.
"Elizabeth Cotten a 90, más grande que la tradición", en el New York Times, 7 de enero de, 1983 9 de enero de 1983, 30 de Junio, de 1987.
"Elizabeth Cotten, 95, tomó nota de Folk Singer, Dies," en Jet, de agosto de 17 de 1987, p. 18.
Badeaux, Ed, "Por favor, no digas lo que estoy tren On", en Sing Out, septiembre de 1964, pp. 7-11.
"La vida comienza a los 71 años For NY doméstica," en Detroit Courier, 25 de de diciembre de 1967.
Kohn, Martin F., "La dama del tren de carga lleva sus canciones a la ciudad", en el Detroit Free Press, 21 de de marzo de., 1977
Gerrard, Alice, "Libba Cotten," en trastes 2, enero de 1980, pp. 26-29.
Reisner, Mel, "Maid gana el Grammy Por último," en The Indianapolis Star, 1 de septiembre de, de 1985.
Lane, Bill, "Pasado 80 y sigue cantando: Los octogenarios Sippie Wallace, Elizabeth Cotten, y Alberta Hunter no dejan Edad retenerlos", en SEPIA, de diciembre de 1980.

jueves, 15 de diciembre de 2016

Navidades paganas



Por Alejandro Guerrero



En los templos católicos cuelgan en estos días carteles que dicen “Navidad es Jesús” ¿Por qué necesitan aclararlo con tanta insistencia? Simplemente,  porque no es cierto.
Si el cristianismo fue, al decir de Karl Kautsky, “uno de los fenómenos más gigantescos de la historia humana”,[1] sólo el Iluminismo del siglo XVIII se asomaría a una indagación científica de sus orígenes y sentido. El historiador inglés Edward Gibbon, que dedicó más de cuarenta años de su vida (entre 1744 y 1788) a escribir una monumental “Historia de la decadencia y caída del imperio romano”, señala con una ironía finísima que, a pesar de sus milagros resonantes y del impacto social de sus andanzas terrenales, ninguno de sus contemporáneos menciona a Jesús.
Séneca (4aC-65), impulsor del estoicismo filosófico que fue parte fundante del corpus ideológico del cristianismo (la filosofía de la decadencia), era hombre obsesionado por los profetas de su tiempo y confeccionó una larga y minuciosa lista de los muchos predicadores que por entonces recorrían Palestina; pues bien, no hay en ella ningún Jesús.
Plinio el Viejo, gran astrónomo (Roma fue pobre en astrónomos y matemáticos), estudió minuciosamente los eclipses y su mecánica, y los describe con cuidadoso detalle en su Historia natural ¿Cómo pudo pasársele el oscurecimiento de tres horas que siguió inmediatamente a la muerte del Cristo?
La primera mención a la existencia física de Jesús se encontraba en Antigüedades judías, de Josefo Flavio —nacido en el año 37—, pero luego se comprobó que se trataba de un agregado fraudulento hecho mucho después por un copista cristiano, ofendido porque el texto no hablaba ni una vez del Mesías.
Aquellas indagaciones de la ciencia dieciochesca sobre el cristianismo continuaron y culminaron en el siglo XIX, el de la victoria definitiva y la consolidación de la revolución burguesa que, al cargar contra el feudalismo y los monarcas absolutos, debió emprenderla también contra el rey de reyes, el papa de Roma. Sería la presencia del proletariado la que interrumpiría esos aires anticlericales de los patrones decimonónicos. Esa presencia haría, como dice Engels, que los burgueses alemanes volvieran a ayunar los viernes y a sudar en sus reclinatorios mientras soportaban interminables sermones protestantes. Fue el marxismo, la ideología de la clase obrera, el encargado de retomar aquellas investigaciones sobre el cielo y la tierra, y desenvolverlas a fondo. Mucho les debemos, en ese punto, a estudiosos como Kautsky o Lucien Henri, entre otros.
Pero volvamos al “Navidad es Jesús”.
En el Evangelio de Lucas (2,8) se lee que en el momento de la natividad de Cristo “había en la región unos pastores que pernoctaban al raso y de noche se turnaban velando sobre su rebaño”. De modo que, aun si se aceptara que el personaje en cuestión nació alguna vez, eso no podría haber ocurrido en diciembre, cuando el rigor invernal hacía imposible que pastor alguno pernoctara a la intemperie o que velara en las noches para cuidar su rebaño.
Así las cosas ¿por qué la Navidad en diciembre?
Se debe señalar, en principio, que se vivían tiempos de crisis histórica. El esclavismo, que había construido civilizaciones maravillosas como Grecia y Roma, se agotaba aceleradamente. La expansión romana no podía proseguir sino muy costosamente y se detendría por completo en el segundo siglo; a partir de entonces no haría sino retroceder. Las grandes extensiones agrícolas, las latifundia, empezaban a encerrarse en sí mismas y a transformarse en feudos.
Levantamientos de esclavos, como el de Espartaco en el 44aC, terminaban en masacres atroces (por otra parte, los esclavos no tenían ningún modo de producción superior que ofrecer: su victoria tal vez los habría convertido en amos, pero no podrían haber creado una sociedad de hombres libres). El esclavismo cedía desde sus cimientos y nada progresivo se avizoraba en su reemplazo. Por eso su derrumbe provocaría una enorme regresión histórica, un milenio de oscurantismo, de miseria física, moral e intelectual, de pestes y suciedad. Bien venía, entonces, una religión que proponía el abandono de toda lucha, aceptar el sufrimiento y esperar el reino de los cielos después de la muerte. Eso era el estoicismo y eso fue el cristianismo.
Se debe recordar que el cristianismo primitivo, perseguido ferozmente, vinculado con una suerte de comunismo rudimentario, fue el grito confuso pero rebelde de los parias de Israel. Cuando el régimen de los Césares llegara a su ocaso final sería el momento de la derrota definitiva de aquel cristianismo, que ya era otra cosa, opuesta a sus orígenes, en el momento en que Constantino lo declaró religión oficial del Imperio en el siglo IV. En ese momento, sin embargo, la Navidad aún no existía.
El avance de la barbarie cristiana sobre la civilización antigua fue arrasador. Atila fue poco comparado con el grado de destrucción de la espada, el fuego y la cruz de los cristianos contra una cultura abrumadoramente superior a ellos aun en su decadencia, a la que no podían asimilarse y, por lo tanto, necesitaban aplastarla. No obstante, 2000 años de civilización no podían suprimirse con el único recurso de la represión, por más brutal que fuera. Así, la festividad más importante del paganismo, las Saturnales que en diciembre celebraban el solsticio de invierno, el día del Soli Invictus en el que la Tierra retorna al Sol después de la noche más larga del año; ese día, en fin, sería la Navidad de los cristianos, en el que era, al decir del poeta Cátulo, “el mejor de los días”.
La Saturnalia empezaba con un banquete público el 17 de diciembre y duraba siete días. A ese banquete estaban invitados todos: nobles, plebeyos y hasta los esclavos, que por un momento dejaban de serlo y eran servidos por hombres libres e incluso por sus amos. Se hacían sacrificios en honor de Saturno, el dios de la agricultura, y se encendían velas y antorchas por el renacimiento (la natividad) del Soli Invictus (la entrada del Sol en la constelación de Capricornio, el solsticio de invierno). Era, además, el momento en que había terminado la siembra invernal, de modo que se estaba en un periodo de descanso. Se celebraba en un ambiente de carnaval, se comía, se bebía y se intercambiaban regalos. (Las Saturnalia empezaron en el año 217aC, seguramente para levantar la moral del pueblo después de la derrota romana contra los cartagineses en el lago Tresimeno).
No solo era la Roma que hablaba en latín. Toda la Europa antigua y más allá, compuesta por pueblos de agricultores, festejaban el solsticio de invierno a partir del cual los días volvían a alargarse. Persia honraba, el 24 de diciembre, el nacimiento de Mitra, la divinidad de la luz, un culto que Pompeyo, conquistador del Asia Menor, llevó a Roma en el siglo II antes de nuestra era. Mitra, dice la leyenda persa, mató al toro sagrado cuya sangre, al mojar la tierra, hizo surgir todas las plantas y todos los animales. Mitra lleva un gorro frigio y se la representa en el momento de matar al toro con un cuchillo largo (algunos sostienen que las corridas de toros tienen su origen ancestral en el culto a Mitra).
La primera mención comprobada al nacimiento de Jesús se lee en el Calendario Philocalus, del año 345. Allí se dice que el 25 de diciembre es Dies natalis Soli Invicti. En él se ponen a la par los nacimientos de Mitra y de Jesús.
En definitiva, el solsticio de invierno, que en el hemisferio norte dura del 25 de diciembre al 6 de enero (la Epifanía cristiana) fue la fiesta más importante de los pueblos indoeuropeos, y sobrevive hasta hoy en todas las culturas creadas por ellos (los carteles “Navidad es Jesús” son un intento inútil de proseguir la lucha de 2000 años contra el paganismo). La Navidad empezó en la Europa suroriental del siglo IV, en la que confluían tradiciones griegas, egipcias, judeo-cristianas y otras del Oriente próximo. En las culturas de celtas, germanos e indios védicos esos eran los días en que se comunicaban el mundo de los muertos con el de los vivos, cuando se anunciaba el retorno del Sol y el renacimiento de la vida, que no muere con el frío invernal y reverdece en la primavera, en la Pascua.
Se trataba, en fin, de un rito pagano imposible de suprimir por la sola represión; por eso se lo coopta, se lo integra como hicieron los incas con las deidades de los pueblos que conquistaban y sojuzgaban. No fue sencillo. A tal punto no fue sencillo que todavía San Agustín (354-430), en sus Sermones, les pide a sus contemporáneos que el 25 de diciembre no adoren solamente al Sol y que recuerden también el natalicio de Jesús. No lo lograron nunca, y hasta hoy tienen que poner en los templos que “Navidad es Jesús”, lo cual de ningún modo es así.
Fue, según parece, en el año 345 cuando Juan Crisóstomo y Gregorio de Nancieso incorporaron las Saturnales al rito cristiano-romano, y fundaron la Navidad para furia de los cristianos de la Mesopotamia, que los acusaron de idolatría pagana. Todavía durante el reinado del emperador Honorio (395-423) la Navidad se celebraba el 25 de diciembre sólo en la Iglesia occidental, mientras la oriental aún festejaba la natividad en Epifanía, el 6 de enero.
Sólo en el año 440 la Iglesia decide oficialmente conmemorar el nacimiento de Jesús el 25 de diciembre; y será fiesta obligatoria recién en 506, por resolución del Concilio de Agde. Pero habría que aguardar hasta 529 para que el emperador Justiniano lo declarara día festivo.
Como se ve, el rito pagano de Saturnalia, con sus banquetes y sus regalos, no se suprimió jamás y aún hoy se celebra. En el siglo VII, Gregorio Magno quiso “cristianizar” la Navidad y pidió que se hicieran ayuno y penitencia en Adviento (las cinco o seis semanas previas a la Navidad), pero fracasó: su orden se derogó en 1918 sin haber regido nunca, salvo en una porción de la Iglesia oriental.
El intercambio de regalos propio de Saturnalia está representado por Santa Claus, que es en verdad el dios germano Thor, el más alegre, el que protegía los hogares que le consagraban un lugar especial en los altares caseros. Thor descendía por las chimeneas para encontrar su elemento: el fuego. Eran también las fiestas paganas de Jul, a fines de diciembre, cuando se plantaba frente a la casa un abeto adornado con pequeñas antorchas y cintas de colores: el árbol de la Navidad.
Por cierto, develar el origen de la Navidad (del cristianismo) no suprime el hecho de que “la angustia religiosa es al mismo tiempo expresión del dolor real y la protesta contra él. La religión es el suspiro de la criatura oprimida, el corazón de un mundo descorazonado, tal como es el espíritu de una situación sin espíritu. Es el opio del pueblo” (Marx, Crítica a la filosofía del derecho de Hegel). No los suprime, como el cristianismo no suprimió los ritos paganos por más que cuelguen carteles en las iglesias. La inexistencia física de Jesús no suprime tampoco su incuestionable existencia social, una construcción histórica de veinte siglos. Pero, en cambio, permite advertir cómo los hombres, según el modo en que producen su vida material y social, crean sus dioses a su imagen y semejanza. Los socialistas luchamos por un mundo sin suspiros de criaturas oprimidas porque toda opresión se habrá eliminado, un mundo sin miserias infames que necesiten buscar en fantasmas etéreos el clamor de la desesperanza. En el que ningún patrón ensotanado pueda amenazar a nadie con los fuegos del averno.
Cuando no haya amos en la tierra los cielos se verán libres de dioses.


[1] Kautsky, K.; “Orígenes y fundamentos del cristianismo”; enhttp://www.nodo50.org/ciencia_popular/articulos/Cristianismo.pdf

domingo, 11 de diciembre de 2016

El lobo de Yago Franco

¿fue una tragedia el Argentinazo?


El 5 de setiembre de 2002, en el suplemento de Psicología de Página/12, el licenciado Yago Franco —redactor también de la revista Topía, dedicada al psicoanálisis— publicó un artículo sobre los "padecimientos" generados a partir del 19 y 20 de diciembre de 2001, por el Argentinazo. Tal como él los presentaba, se deducía que aquellos sucesos significaron una gran tragedia, cuyo rasgo clínico sería, según sostenía, la "afánisis" (desaparición del deseo). Esa tesis de Franco fue rebatida por Paola Valderrama en Prensa Obrera N° 773, y las repercusiones de esa respuesta dieron origen a esta segunda nota sobre la cuestión, publicada en Prensa Obrera N° 778, del 31 de octubre de 2002. A tres lustros del Argentinazo, queremos recordar aquella polémica que permanece vigente.




por Alejandro Guerrero


La idea de un monstruo que por las noches habita debajo de la propia cama es un terror habitual en los niños. Ahora, el monstruo que vivía debajo de la cama de Yago Franco ha salido de su cubil y amenaza devorarlo. Yago sucumbe a su catástrofe mental e imagina que ése, su monstruo personal (un lobo), no salta sobre él mismo sino "sobre la inmensa mayoría de los argentinos"; es más, lo ve pasearse por las calles intimidatoriamente, abiertas las fauces.
Como toda monstruosidad individual, surgida de oscuridades inaccesibles, el lobo de Yago tiene origen indefinido, no se sabe en qué consiste ni de dónde viene, aunque sí conocemos la fecha de su aparición: finales de diciembre, cuando el Argentinazo echó a De la Rúa y a Cavallo. Ante la bestia despertada por el batifondo de la lucha callejera, Yago está inerme porque su figura paterna —los poderes del Estado "que debieran amparar a los ciudadanos"— no lo defienden y, además, esos poderes, "aquello que debiera ser familiar/amparador, se transforma en persecutorio o abandonante". Esto es: Yago creía que el Estado era su familia, que ella le daría amparo cuando el lobo atacara, pero ahora descubre que ese Estado es el instrumento del lobo, o el lobo mismo. Este descubrimiento de Yago lo pone, según él mismo, delante de "un panorama siniestro".
La polémica con Yago es posible y adquiere interés político porque, según se desprende de esa función paternal que asignaba a la institución estatal, su crisis deviene de la rotura drástica de una ilusión social: la ficción de comunidad organizada por y en el Estado. Ahora resulta que tal comunidad no existía, que el Estado sólo era la asociación de una clase social en contra de otras y, por tanto, para las clases sometidas la idea comunitaria sólo constituye una fantasía y, sobre todo, una traba.
El Estado, en definitiva, no sólo no ampara a los ciudadanos: los ataca en nombre de los destructores de la ciudadanía. "Esto —dice Yago— coexiste con hiperdesocupación, expulsión del sistema económico, pauperización, lo cual conduce a la imposibilidad de toda idea de futuro a nivel individual y colectivo". En verdad, tales estropicios no "coexisten" con el Estado-lobo: son parte del fenómeno. La crisis capitalista mundial —ése es su lobo, amigo Yago— se hace sentir de ese modo en todas partes, y en la Argentina ha producido una fractura revolucionaria. La tragedia personal de Yago, y por eso resulta socialmente interesante y digna de polémica, es la tragedia política de todo el arco reformista: él confunde "la imposibilidad de toda idea de futuro" del régimen capitalista con la imposibilidad de todo futuro en general; esto es, no hay futuro fuera del capitalismo.
Por eso Yago, al igual que todo el reformismo, no logra advertir las proyecciones de lo que él mismo observa: "Los cacerolazos, piquetes, escraches, clubes de trueque, asambleas populares, obreros ocupando fábricas, son las armas que los ciudadanos han inventado y esgrimen contra la bestia". No lo advierte porque dos párrafos más adelante, víctima de su propia desesperación, dice: "Se hace insoportable y sin sentido la participación en el colectivo social".
Acción colectiva y libertad individual
En este punto, conviene recordar que todas las colisiones en la historia han resultado, en última instancia, de la contradicción entre el desarrollo de las fuerzas productivas y las formas de intercambio, dadas por el régimen de propiedad de los medios de producción. Ese choque produce guerras, revoluciones, lucha de ideas y también crisis y conflictos en los medios por los cuales los hombres intentan conocer la realidad, manifestados en la tendencia a tomar cualquiera de las facetas secundarias del fenómeno y colocarla en el papel de factor determinante, como bien lo indica Paola Valderrama al referirse a la supuesta "objetividad" o "extraterritorialidad" de algunas prácticas profesionales (Prensa Obrera 773).
Así, el economista dirá que la evolución humana ha dependido del desarrollo de las teorías económicas, el abogado la atribuirá a las nociones en materia de derecho y el psicoanalista pretenderá analizar "la situación social y política desde la práctica o las concepciones psicoanalíticas" (P. Valderrama, ídem anterior). La base de ese desvío, a juicio nuestro, radica en la división entre trabajo intelectual y trabajo manual, que produce un hombre alienado, partido, presa fácil de las ilusiones individuales acerca de la propia actividad.
Por cierto, subordinar los poderes materiales de la sociedad (sus potencias productivas) a las decisiones conscientes del hombre y eliminar la división del trabajo, es tarea comunitaria, no individual; de la lucha de clases, no del psicoanálisis. En un régimen que reserva las libertades individuales y sociales a la clase dominante, el individuo de las clases oprimidas sólo encuentra ocasión de desarrollar su libertad en la acción colectiva, cuando se expresa en el colectivo, en las asambleas populares, en las organizaciones piqueteras, en las fábricas ocupadas. Ese es uno de los sentidos de "la participación en el colectivo social" y está dado por "las armas que los ciudadanos... esgrimen contra la bestia", que Yago observa sin ver.
En esos organismos los oprimidos desarrollan su libertad personal, manifiestan sus opiniones a viva voz y ejecutan su pensamiento ellos, los que estaban condenados al silencio obediente, a la sumisión. Ahí, colectivamente, en esa asociación libre, encuentran su propio deseo y "el deseo del Otro", que Yago cree perdidos.
Revolución y cultura
En otra parte de su análisis, Yago habla del papel de la cultura en todo el asunto. "La cultura cumple una función de amparo", dice, pero añade que eso ha cambiado "dramáticamente" porque "la sociedad" ya no ampara.
Yago no explica qué entiende por cultura, pero para saber de qué hablamos resulta necesario recordar lo siguiente: en un mundo al borde de la barbarie definitiva, la actividad cultural radica sobre todo en tomar conciencia de la necesidad de terminar con la dominación de los bárbaros, en el conocimiento de los modos de la opresión y de la forma de liberarse de ella. En general, la cultura está dada por el desarrollo de necesidades de todo tipo y por el desenvolvimiento de los medios necesarios para satisfacerlas; por tanto, la liberación de la humanidad consiste, básicamente, en superar los obstáculos que impiden satisfacer la necesidad, saciar el deseo. Así, la revolución obrera es la más formidable tarea cultural de la historia.
Está a la vista la relación dialéctica causa/efecto (la confusión de ambos) entre desarrollo cultural y desenvolvimiento industrial y comercial. En una crisis como la que sufre la Argentina, se produce un desequilibrio abrupto de la relación entre el desarrollo de las necesidades (grado de cultura) y los medios para satisfacerlas. En tales casos, la alternativa es férrea: se multiplican esos medios —revolución mediante— o se eliminan necesidades por la vía del desastre, de imponer un retroceso catastrófico al nivel de civilización de la sociedad.

Desde ese punto de vista, lo mejor que la Argentina tiene para ofrecer a la cultura universal es su lucha proletaria, su organización piquetera, sus asambleas populares, sus fábricas ocupadas. Por tanto, la cultura —contra lo sostenido por Yago Franco— cumple hoy más que nunca su función de amparo; la cultura argentina es fuerza obrera organizada que crece y se desenvuelve. Cierto es que la lucha de clases en una situación de características revolucionarias coloca en tela de juicio los poderes del Estado que Yago creía paternales; se combate abiertamente contra la voluntad del Estado (de la clase dominante) y contra todo su andamiaje legal, y esto no puede menos que alterar la tranquila digestión de algún intelectual pequeño burgués. Pero ese movimiento gigantesco de enormes fuerzas sociales sólo puede verse si se desecha la práctica tautológica del bobo que se mira al espejo y cree mirar por la ventana. Yago será capaz de superar sus fobias, el taxi con que elude la violencia callejera y su refugio en la televisión, en fin, su afánisis, si deja de ser, como decía Robert Owen - aquel genial socialista temprano inglés—, this poor localized being (ese pobre ser limitado) que intenta medir las cosas más generales con la vara corta del mundillo que le rodea.